El Desastre del 98
1. INTRODUCCIÓN
Durante el reinado de Fernando VII la práctica totalidad del imperio español alcanzó la
independencia. Solo Cuba y Puerto Rico, en América, y las islas Filipinas, en el Pacífico, se mantuvieron bajo la soberanía española.
Los problemas coloniales habían arrancado durante el periodo del Sexenio. Ya entonces se había iniciado la primera guerra de Cuba, pero fue a finales del siglo XIX cuando estos problemas se agudizaron como consecuencia de:
-El auge el imperialismo (Europa se había lanzado a la conquista de África y Asia,
continentes, que tras la Conferencia de Berlín de 1885 quedarían repartidos
fundamentalmente entre Inglaterra, Alemania, Francia y Bélgica).
-El desarrollo de los movimientos nacionalistas y emancipadores.
-El creciente expansionismo de los Estados Unidos, que superada la guerra de Secesión y convertida en una gran potencia industrial y militar, puso sus miras en las últimas posiciones españolas en el Caribe (Cuba y Puerto Rico), y en el Océano Pacifico (Filipinas).
Ante ese contexto, la política de los gobernadores españoles ante las demandas de los
independentistas fueron insuficientes y su balance, un fracaso.
Por otra parte a lo largo del siglo XIX España se había mantenido al margen de la política internacional (recordemos las continuos enfrentamientos bélicos mantenidos en territorio nacional: guerra de la Independencia, emancipación de las colonias americanas, guerras carlistas y de Cuba) y no había participado en ningún tipo de alianzas internacionales. Por ello, España se encuentra sola cuando tiene que hacer frente a la pérdida de los últimos restos de su imperio colonial.
Esta crisis tuvo una doble vertiente, fue una guerra colonial entre España y sus colonias, Cuba y Filipinas, y a ese conflicto se le unió una Guerra Hispano-norteamericana.
2. EL CONFLICTO CUBANO
Desde la segunda mitad del siglo XIX, se había desarrollado en Cuba un movimiento separatista que en 1868 cristalizó en el llamado “Grito de Yara”, con el que se inició una larga guerra de diez años, liderada por Carlos Manuel de Céspedes, que finalizó en 1878 con la Paz de Zanjón por la que se le Cuba obtenía algunas ventajas autonomistas y se reconocía la abolición de la esclavitud. Pero los movimientos insurgentes continuaron y un año más tarde se inició la “Guerra Chiquita” (denominadas así por su corta duración 1879 – 1880). Finalmente la guerra de la independencia cubana comenzaría en 1895 finalizando en 1898 con la guerra Hispano-Norteamérica.
En 1895 se produjo en Cuba una insurrección que bajo el denominado “Grito de Baire”, acabaría dando la independencia a la isla. Al mismo tiempo, en Filipinas en 1896 se produjeron movimientos emancipadores dirigidos por José Rizal.
Causas del levantamiento cubano
Económicas:
1. La situación económica de la isla. Cuba era muy rica, con grandes plantaciones de azúcar, café y tabaco. Tal era la prosperidad que el primer ferrocarril español, no peninsular, fue el de la Habana – Güines. Por otro lado España era incapaz económicamente de absorber plenamente la producción de azúcar y de otros productos cubanos, y de proveer a la isla de manufacturas.
Desde hacía tiempo esta isla caribeña había dejado de depender económicamente de España, puesto que la producción azucarera cubana se comercializaba directamente desde la isla, los barcos dedicados a su transporte pertenecían a distintos países y los pagos de las transacciones se efectuaban en dólares norteamericanos o en libras británicas. Además el 92% de la
producción de azúcar de caña se exportaba a EEUU y solo el 3% se vendía en los mercados españoles. EEUU se había convertido en el principal proveedor de productos cubanos. Además Estados Unidos había invertido 54 millones de dólares en la modernización de la industria azucarera cubana (los llamados “ingenios”).
2. La política económica que España mantenía en la isla. España monopolizaba el comercio colonial en contra de los intereses isleños, pues los campesinos cubanos y en general todos los insurrectos (llamados “Mambies”) vieron en la lucha, el medio para mejorar su situación económica y social, pero pensaban que, al igual que las trece colonias americanas, tenían que independizarse, si querían conseguirlo. El hecho de que España en estos años aumentase los aranceles proteccionistas en Cuba con objeto de dificultar el comercio con EEUU, agravó la situación.
3. Por su parte los criollos consideraban que el atraso económico de España respecto a otras potencias industriales, como Estados Unidos, estaba bloqueando la expansión económica de la isla y perjudicaba sus intereses. No es extraño que los sectores más dinámicos de la isla se sintieran atraídos por la órbita de influencia norteamericana, cuyas clases dirigentes veían en Cuba un excelente mercado y una potencial zona de expansión.
Políticas:
1. El incumplimiento por parte de España de lo pactado en el Convenio de Zanjón de 1878 (la esclavitud no fue abolida hasta 1886 y la autonomía prometida no se le concedió), lo que provocó el malestar de los criollos ante la situación tributaria, financiera y económica de la isla.
2. La inadecuada política llevada a cabo por los partidos dinásticos de la Restauración. Para Cánovas, Cuba era parte integrante de España y cualquier intento de autonomía atentaba contra la unidad de España y lo consideraba un crimen contra la Patria. Por ello cuando en 1893,
Antonio Maura, ministro de Ultramar en el gobierno liberal que presidía por entonces Sagasta, dándose cuenta de la situación, propuso la concesión del autogobierno para Cuba, su proyecto de reforma autonómica para Cuba, fue rechazado en el Parlamento español por considerar que atentaba contra la unidad nacional y Maura que no encontró apoyo en los diputados de su propio partido, prefirió dimitir. Cuando el 1895 se concedió una ley de autonomía, ya era demasiado tarde, los cubanos no la aceptaron y poco después estalló la sublevación.
3. Los intereses expansionistas y económicos de Estados Unidos (apoderarse de los yacimientos mineros y de las plantaciones azucareras, además había invertido en torno a los 54 millones de dólares para modernizar la industria azucarera). Aunque no hay que olvidar la tradicional aspiración por controlar la isla caribeña, debido a su magnífica situación estratégica.
Sentimentales
1. Por un lado desde la segunda mitad del XIX había producido un ostensible aumento del sentimiento patriótico, tanto cubano como filipino, apoyado y alentado por los intereses norteamericanos.
2. Por otro, Cuba y Filipinas estaban unidas a España por fuertes lazos sentimentales. Cuba era parte integrante del territorio español y no podía ser vendida ni cedida, solo se podía perder mediante una guerra. Tanto Cuba como España y los Estados Unidos eran conscientes de que la independencia cubana podía desembocar en un enfrentamiento directo entre España y los EEUU. Todos los líderes políticos españoles, tanto del gobierno como de la oposición, eran conscientes de que una guerra contra EEUU era un disparate catastrófico. Pero nuestros gobernantes enfocaron la cuestión cubana como un problema interno cuyas repercusiones podían provocar graves tensiones y conflictos dentro de España. De un lado el gobierno recibió fuertes presiones provenientes de periódicos españoles, que casi con unanimidad (desde la prensa carlista hasta la republicanoizquierdista, con la excepción de los periódicos socialistas y anarquistas) sostuvieron que la solución negociada equivalía a una traición y mantuvieron deliberadamente un tono beligerante, patriotero y antinorteamericano (era frecuente la publicación de caricaturas donde aparecía un apuesto torero español pegando una estocada a un cerdo con los colores de la bandera norteamericana). Por otro lado los mandos del Ejército se mostraron intransigentes y amenazaron al gobierno negándose a retirarse de Cuba de manera humillante y deshonrosa (la inconciencia de algunos militares llegó a tal punto que el general Weyler propuso el desembarco español para atacar las costas norteamericanas).
Ante esta situación, el dilema para España era terrible: o se iba a una guerra directa contra los Estados Unidos, o si, se abandonaba la isla o se vendía, se produciría un enfrentamiento contra el propio ejército español (en la isla había 200.000 soldados).
Además cabía la posibilidad de que estallara en España una guerra civil, pues entre los españoles existía un profundo sentimiento de pertenencia sobre Cuba y Puerto Rico, estas islas eran sentidas como las Canarias o Baleares, y muchas familias españolas – cubanas estaban repartidas en ambos territorios.
Por otra parte había que contar con los intereses de los industriales catalanes.
Desarrollo del conflicto cubano:
Tras la Paz de Zanjón en 1878, la población isleña estaba casi irreconciliablemente dividida, desde el punto de vista ideológico, entre españolistas e independentistas. Por otra parte se habían fundado tres importantes grupos políticos: uno españolista que se oponía a cualquier reforma autonomista, que dominaba las instituciones administrativas en la isla y que estaba encabezado por latifundistas y negociantes españoles y cubanos muy ricos, el partido Autonomista Cubano, integrado por reformistas moderados y favorables al mantenimiento de la unidad con España y el tercero el Partido Revolucionario Cubano, grupo independentista fundado en 1892 por José Martí (afamado poeta nacido en la Habana, hijo de españoles, un sargento valenciano y una canaria, había estudiado en la Universidad de Madrid y en 1890 fue expulsado de Cuba por actividades antiespañolas, desde entonces vivió exiliado en Nueva York, desde donde se encargó de organizar y liderar la rebelión armada contra los españoles, murió durante los primeros combates en mayo de 1895).
En 1895 con el “Grito de Baire”, José Martí inicia la insurrección nacionalista que dio lugar a la última guerra cubana que tuvo dos momentos: entre 1895 y 1898 tuvo lugar la guerra entre el ejército español y los grupos independentistas nativos; y en 1898 se produjo la intervención directa de los Estados Unidos en el conflicto, lo que llevó al enfrentamiento hispano norteamericano.
La guerra hispano cubana se desarrolló en cuatro fases:
1.La primera, con el inicio de la sublevación, en la parte oriental de la isla, la más antiespañola, en febrero de 1895 y la muerte del líder independentista José Martí (mayo 1895).
2.La segunda (octubre 1895 a enero 1896) fue el momento de mayor avance de las tropas sublevadas. Cánovas decidió aplicar una política de reconciliación, enviando al General
Martínez Campos para negociar (ofreciendo la ley de autonomía, que los cubanos
rechazaron) e impedir el avance de los sublevados, ante su fracaso, el general Martínez Campos presentó su renuncia y fue sustituido e1 20 de enero de 1896, por el enérgico general Valeriano Weyler con la misión de “guerra hasta el final”.
3.La tercera, desde enero de 1896 a diciembre de 1897, Weyler, se encontraba dispuesto a
combatir la guerra con la guerra. Utilizó una inteligente estrategia de lucha contra las
guerrillas de Antonio Maceo (el verdadero caudillo de la independencia cubana), que
consistía en:
a. Compartimentar el territorio por medio de “Trochas” o líneas fortificadas que
dividieron la isla en tres sectores aislados con el fin de dificultar o impedir el paso de
los insurrectos.
b. Concentró a la población campesina en los poblados, para impedir que prestaran ayuda a los rebeldes.
c. Destruyó las edificaciones que pudieran servir de refugio a los insurgentes. La
situación estaba prácticamente controlada cuando se produjo la intervención de los
Estados Unidos de América.
4.La cuarta fase (diciembre 1897 – abril 1898) Con el general Blanco al frente y en un ambiente hostil de la prensa, desembocó en la intervención directa de Estados Unidos.
Por su parte, los más de 200.000 soldados españoles que fueron enviados desde la Península eran novatos, tenían armas y equipos inapropiados, y estaban mal alimentados y peor instruidos, pero lucharon hasta el agotamiento contra el fango, los mosquitos, las lluvias, el intenso calor y las enfermedades como la malaria, disentería o el paludismo (nuestro ejército solo tuvo unos 5.000 muertos en acciones de guerra, pero sufrió casi 60.000 bajas por enfermedad).
3. EL CONFLICTO FILIPINO
A la revuelta cubana se le unió en 1896 las rebeliones armadas separatistas en Filipinas. El conflicto filipino se diferencia del cubano por la escasa presencia española en el archipiélago y la baja ocupación efectiva del territorio, excepto la capital, Manila y su territorio próximo. La sublevación filipina estuvo dirigida por José Rizal y las causas fueron:
- La situación de olvido por parte del gobierno español, con respecto a las islas.
- El mal aprovechamiento de sus recursos naturales.
- La intransigencia de las órdenes religiosas con los movimientos independentistas.
En diciembre de 1897, la insurrección estaba prácticamente dominada, por medio de la
negociación, pero la intervención de Estados Unidos que pactó con los rebeldes, hizo que el conflicto se prolongara.
4. PUERTO RICO
Puerto Rico no planteaba serios problemas, pues en 1872 había conseguido su autonomía, se había abolido la esclavitud y su economía era saneada. Además la dominación española era más efectiva, pues se ejercía a través de una élite económica poderosa que podía controlar los movimientos emancipadores de base popular (en Puerto Rico había importantes cafetales y plantaciones azucareras cuyos propietarios, catalanes y mallorquines muchos de ellos, exportaban su producción a España, Cuba y a los mercados europeos). De todas formas la actividad del movimiento insurreccional en Puerto Rico fue mínima.
5. LA GUERRA CONTRA LOS ESTADOS UNIDOS
El gobierno de EEUU intervino pronto en el conflicto cubano proporcionando material y
armamento a los guerrilleros cubanos. El objetivo de esta ayuda no era la liberación de Cuba, tal y como se proclamaba oficialmente, sino el intento de obtener el dominio de la isla caribeña, por los intereses económicos y estratégicos expuestos anteriormente (Ya desde 1850, el gobierno estadounidense se había ofrecido a comprar esta isla a España por 100 millones de dólares). Por ello el nuevo presidente de los Estados Unidos, el republicano William Mckinley, en abril de 1896, protestó ante el gobierno español, por la dura actitud de Weyler, ofreciéndose como mediador en el conflicto hispano – cubano, exigiendo a España la pacificación de la isla mediante la concesión de una amplia autonomía, Cánovas rechazó la propuesta. Estados Unidos llegó incluso, poco tiempo después a gestionar con la Reina María Cristina la compra de la isla por 300 millones de dólares, a lo que la Reina y el gobierno español se opusieron rotundamente, (a parte del deshonor, hubiera supuesto el fin de la monarquía). La muerte de Cánovas en 1897 no hizo sino empeorar la situación.
Sagasta, tras el asesinato de Cánovas, sustituye, en octubre de 1897, a Weyler por el general Blanco y concede la autonomía y la amnistía para Cuba, pero ya era demasiado tarde. Los americanos que no cejaron en sus objetivos, aprovecharon el incidente de la voladura y el hundimiento del acorazado norteamericano “Maine” anclado en el puerto de la Habana en febrero de 1898, para pedirle a España su renuncia sobre la Soberanía de Cuba y declararle la guerra el 25 de Abril de 1898. Este navío de guerra había sido enviado a Cuba para proteger los intereses norteamericanos en la isla tras conocerse los incidentes acaecidos en enero de 1898, en los que las oficinas de un periódico independentista cubano fueron asaltadas por un grupo de militares españoles en represalia por la publicación de un artículo insultante contra el ejército. Aunque las causas de la explosión del barco eran desconocidas, (el origen de la voladura, según se comprobó cuando fue reflotado en 1912, fue la combustión espontánea producida en una de sus carboneras, propagándose el fuego a las municiones y precipitándolo al abismo, 800 metros de profundidad), el gobierno de EEUU acusó sin pruebas a los españoles. Además los sucesos fueron aprovechados por los grandes periódicos norteamericanos “el World” de Joseph Pulitzer y el “Journal” de William Randolph Hearst, para desatar una agresiva campaña de prensa antiespañola y reclamar la entrada en guerra con la única finalidad de vender más ejemplares.
Al estallar la guerra, en España se vivieron días de verdadero entusiasmo patriótico, entusiasmo, alentado irresponsablemente por los poderes públicos y por la mayor parte de la prensa belicista, que al igual que la norteamericana, ensalzaba las fuerzas y virtudes propias, mientras hacían lo contrario con las rivales. Se creía en la posibilidad de ganar la guerra a los Estados Unidos a pesar de su potencial industrial. En realidad, ni se podía, ni se estaba preparado para ello, pero el gobierno prefirió entrar en guerra con EEUU por temor a que el abandono de Cuba sin luchar pudiera desencadenar un golpe militar que derrumbara el sistema liberal o tal vez producirse una guerra civil. La guerra contra los EEUU, presentaba además una gran dificultad añadida, al desarrollarse en dos escenarios tan distantes, uno en el Pacífico (Filipinas) y otro en el Atlántico (Cuba y Puerto Rico).
La Guerra en el Pacífico
Los primeros combates entre los españoles y norteamericanos se produjeron en aguas del Pacífico y fue un auténtico paseo militar para EEUU, ya que los combates resultaron muy desiguales y la armada española quedó completamente destruida en dos únicos enfrentamientos navales. Nada más declararse la guerra, la escuadra norteamericana puso rumbo a Filipinas.
El objetivo era Manila, donde el almirante español Montojo, jefe de la flota del Pacífico, había refugiado sus barcos pensando que las baterías de la costa que protegían el puerto, podrían prestarle ayuda. Pero la desigualdad de fuerzas entre los contendientes era claramente manifiesta, pues los navíos que componían la flota española eran ocho barcos, más algunos buques, que tenían el casco de madera y carecían de protección frente a los cruceros acorazados norteamericanos, mandados por el comodoro Dewey.
La batalla de Cavite apenas duró tres horas, el día 1 de mayo la flota española fue aniquilada en la bahía de Manila y como consecuencia se rindió Cavite. Filipinas vuelve a sublevarse al mando de Emilio Aguinaldo finalizando con la expulsión de los españoles.
La Guerra en el Atlántico
En el Atlántico se ordenó a la escuadra española que operaba cerca de las Canarias, al mando del almirante Pascual Cervera, que se trasladase a Puerto Rico, para proteger esta isla y la de Cuba. Pero, cuando repostaba carbón en Santiago de Cuba, quedó bloqueada por la estadounidense.
Aprovechando estas circunstancias, las tropas rangers de Estados Unidos, al mando de Theodore Roosevelt, el futuro presidente de los Estados Unidos, desembarcaron en Cuba, tomaron Caney y atacaron a nuestra escuadra en el puerto.
La flota española salió del puerto de Santiago de Cuba en condiciones totalmente absurdas, el 3 de julio y fue totalmente aniquilada en menos de tres horas, por el almirante Sampson. Nuestros barcos de madera se enfrentaron a buques con blindaje de acero y cañones de largo alcance con mayor calibre y velocidad de tiro, allí murieron 350 marinos españoles cayeron heridos 197 y fueron hechos prisioneros 1700, mientras que por el lado norteamericano solo hubo un soldado muerto (no por el alcance de un cañón español sino por el fallo de un cañón americano) y su escuadra permaneció intacta. Durante el conflicto bélico, las tropas de EEUU conquistaron Puerto Rico, que se sirvió de excelente base militar. El 13 de julio de 1898 capitulaba Santiago de Cuba y el 25 del mismo mes los norteamericanos se adjudicaban Puerto Rico, aunque allí no hubo guerra alguna, por último en agosto de 1898 entraron en Manila. La guerra había terminado.
El Tratado de paz de Paris
Una vez consumada la derrota militar, el gobierno español presidido por Sagasta (ante las declaraciones de los EEUU de ocupar las Canarias, Baleares y bombardear Madrid y Barcelona, sino se firmaba la paz) inició unas conversaciones diplomáticas con EEUU con el objetivo de negociar una rendición. Dichas negociaciones culminaron en diciembre de 1898, con la firma del Tratado de París, por el que España:
- Reconocía la independencia de Cuba.
- Cedía a EEUU: Puerto Rico, (que actualmente sigue siendo un “estado asociado” de EEUU), Filipinas (que hasta 1946 no logró su independencia) y la isla Guam en el Océano Pacifico (que todavía hoy pertenece a los Estados Unidos).
- El resto de las posesiones como eran las islas Marianas, Palaos y las Carolinas fueron
vendidas a Alemania al año siguiente 1899 por 25 millones de marcos.
6. LAS REPERCUSIONES DEL DESASTRE DE 1898
La derrota de 1898 sumió a la sociedad y a la clase política española en un estado de desencanto y frustración. Significó la destrucción del mito del imperio español y la relegación de España a un papel secundario en el contexto internacional. La prensa extranjera presentó a España como una nación moribunda, con un ejército ineficaz, un sistema político corrupto y unos políticos incompetentes. Esa visión cuajó en buena parte de la opinión pública española.
Consecuencias sociales
Las bajas humanas más de 120.000 muertos, afectó sobre todo a los sectores humildes de la sociedad, ya que las clases acomodadas se libraban del servicio militar mediante un pago en metálico (estaba en vigor el sistema de quintas). Los casi 60.000 soldados españoles que murieron en la guerra de Cuba se debió, como ya se ha expuesto, al clima demasiado caluroso y húmedo, picaduras de insectos y enfermedades.
Consecuencias económicas.
Aunque en un primer momento las pérdidas económicas fueron bastante importantes tales como: los gastos de guerra 2 millones de pesetas, la privación del mercado colonial, recesión de la industria catalana y subida de los precios en un 28%, lo cierto es que la pérdida del mercado colonial no provocó una grave crisis económica ya que al terminar el conflicto se produjo una repatriación de capitales que vino a reactivar la economía española, en especial la industria. Por otra parte se produjo un descenso de la inflación y una reducción de la deuda Pública con el pago de los 20 millones de dólares americanos y los marcos alemanes. Repercusiones políticas y culturales.
La derrota colaboró en la desintegración del régimen restaurador y favoreció el resurgimiento de los nacionalismos, en el sentido de que esta derrota colonial sirvió para extender la crítica sociopolítica del sistema, caciquismo, corrupción electoral, pérdida de credibilidad de los dirigentes políticos ante la opinión pública, centralismo lo que sirvió para agudizar el problema regionalista favoreciendo los nacionalismos (creación en 1901 de la Lliga Regionalista de Catalunya).
Por otro lado la pérdida de las colonias supuso un renacimiento del militarismo, pues el ejército al carecer de un papel internacional vuelve a considerarse garante de la unidad nacional y la paz social.
El desastre del 98 no tuvo grandes repercusiones políticas y económicas, las consecuencias fueron sobre todo, en el terreno moral e ideológico en forma de pesimismo que impregnó la sociedad española de aquel momento.
El impacto que produjo el Desastre, sumió a los españoles en una honda crisis de conciencia que tuvo su mejor expresión en el Regeneracionismo, reacción intelectual o examen de conciencia llevado a cabo por los intelectuales y políticos del tránsito del XIX al XX, que criticaría los males y las secuelas de la oligarquía y el caciquismo y que pretendía la modernización social y la superación del atraso cultural del país. Entre sus defensores se encontraban los políticos Francisco Silvela y Antonio Maura, intelectuales y los escritores de la Generación del 98.
En 1899 se formó un nuevo gobierno presidido por Francisco Silvela, con el general Polavieja como ministro de Guerra. Pretendían regenerar el país sin modificar el sistema restaurador ni el papel que habían jugado la Corona, el ejército o los partidos. Silvela era partidario de reformas que se intentaron sin éxito en Hacienda, ejército y organización territorial. El fracaso del gobierno regeneracionista un año más tarde, mostraba la incapacidad del sistema para evolucionar.
Hubo otro movimiento regeneracionista al margen del sistema, el de los intelectuales como Macías Picavea (El problema nacional), Lucas Mallada (Los males de la patria y la futura revolución española) o Joaquín Costa (Oligarquía y caciquismo, propugnaba la necesidad de olvidar los mitos del pasado, modernizar la economía y alfabetizar a la población “escuela y despensa”). Destacó también un grupo sobresaliente de escritores, que dio lugar a la Generación del 98, como Unamuno (En torno al casticismo), Valle Inclán, Machado, Azorín, Baroja, Maeztu, etc. Para los intelectuales regeneracionistas, España estaba en un estado de postración. Todos cuestionaban la capacidad del pueblo español para progresar, criticaban el sistema de la Restauración y su funcionamiento y consideraban la falta de educación uno de los males fundamentales causantes del atraso del país.
Como conclusión, podemos afirmar que la guerra y la posterior pérdida de las colonias generalizó la idea de que algo se había perdido para siempre. Los grupos dominantes lo denominaron “Desastre” y lo aplicaron a un fracaso colectivo, cuando la realidad era muy contraria, pues solo un sector oligárquico era el verdadero responsable. Por otra parte, la pérdida no fue tan importante desde el punto de vista cuantitativo, e incluso se considera similar a la situación que vivieron otras potencias europeas. El hecho de que algunos gobernantes, e incluso el propio Alfonso XIII, hablaran de regeneracionismo no significó que se afrontaran los problemas sociales planteados a finales del siglo XIX y el sistema político fue incapaz de renovarse.
Aquí os dejo el enlace al tema en pdf.
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